PLATERO Y YO. Juan Ramón Jiménez
No por conocido resulta fácil expresar lo que esta obra dice al acercarte a ella. En esta ocasión es JUAN CUERDA quien da unas pinceladas muy personales a la obra cumbre de Juan Ramón Jiménez en el aniversario que celebramos. La puesta en común fue rica tanto en la variedad de opiniones como en la expresión de los sentimientos que suscitó.
¡PLATERO CUMPLE CIEN AÑOS!
Existen grandes novelas tales como Robinsón
Crusoe o Los viajes De Gulliver, que han pasado a engrosar el
catálogo de literatura infantil y juvenil cuando, en realidad, sus autores las
escribieron pensando en lectores adultos.
“Suele pensarse que yo escribí
“Platero y yo” para niños, que es un libro de niños.
Yo nunca he escrito para niños,
porque creo que el niño puede leer los libros que lee el hombre, con
determinadas excepciones que a todos se le ocurren.”
Platero y Yo es un libro singular, escrito en lo
que podríamos llamar prosa poética y en el que su autor cuenta tanto sus
vivencias y emociones como describe paisajes, costumbres y personajes de su
querido Moguer, teniendo siempre como confidente y receptor de sus cuitas a su
burro Platero, auténtico protagonista de la obra.
La complicidad de Platero sirve a
Juan Ramón para explayarse reflexionando sobre todo lo divino y lo humano con
un lenguaje lleno de lirismo, sensibilidad y con una riqueza literaria que muy
pocos escritores han alcanzado.
He aquí algunos fragmentos que
acreditan lo dicho:
En el Capítulo dedicado al eclipse,
se lee:

En el titulado “El niño tonto”
–a los niños pobres y enfermos dedica Juan Ramón mucha atención y simpatía–
dice:
“Era uno de esos pobres niños a
quienes no llega nunca el don de la palabra, ni el regalo de la gracia; niño
alegre él y triste de ver; todo para su madre, nada para los demás!
En “el canto del grillo” nos
regala con párrafos como éste que no son otra cosa que pura poesía:
“¡Aquí está! ¡Oh canto del grillo
por la madrugada, cuando, corridos de escalofríos, Platero y yo nos vamos a la
cama por las sendas blancas de relente! La luna se cae rojiza y soñolienta. Ya
el canto está borracho de luna, embriagado de estrellas, romántico, misterioso,
profuso. Es cuando unas grandes nubes luctuosas, bordeadas de un malva azul y
triste, sacan el día de la mar, lentamente...”
Para que seguir..., pues, en verdad,
para entresacar los mejores fragmentos de este pequeño tesoro literario
tendríamos que copiar todo el libro.
Juan.
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