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En pocos autores se hace tan necesario como en Roth no separar la vida de
la obra. Su vida es complicada y dura, al punto de que su devenir existencial
marcó definitivamente su obra.
Su biografía
ciertamente estuvo erizada por continuas penalidades. Se lo confesaba a Stefan Zweig en carta fechada en
noviembre de 1935: “Tengo 41 años.
Durante quince he comido pan a secas. Luego vino el pan con mantequilla. Luego vino
la guerra. Luego vinieron diez años de subsistencia. Luego vinieron los
anticipos. Periodismo. Trabajo repugnante. Humillación”.
Sus problemas
comienzan en el propio nacimiento, con un padre que abandona a su madre antes de nacer él y que
luego terminó perturbado. Lo cierto es que el fantasma paterno se enseñoreó de
él hasta sus últimos días, como lo atestigua otra carta a Zweig de julio de
1934: “¡Si supiera usted bien cómo me va!
¡Qué rodeado estoy de tinieblas! Temo cada día por mi juicio y vuelven los
presentimientos que no había tenido desde mi adolescencia, de que me volveré
loco a la misma edad que mi padre. ¡Sufro aterradoramente, mi querido amigo! Y
trabajo para huir”.

A su propia vida personal se sumó la relación con su esposa cuyos
desequilibrios psicológicos supusieron
para Roh el inicio de un viacrucis interminable, de una prueba excesivamente
dolorosa. Internada en psiquiátricos, al final, fue objeto de la eutanasia de
los tiempos nazis.
La vida y en
consecuencia la obra de Roth se resisten a interpretaciones unívocas. Las
ambivalencias están presentes tanto en su propia evolución ideológica como en
el hecho de que su desequilibrio- desde los 23 años bebió cada vez más
compulsivamente, hasta su destrucción final- apenas se trasparentaran en su
escritura
El hombre que en los años 1920 firmaba Joseph el Rojo defendiendo tesis
socialistas, al final de su vida, defiende y se adscribe a la anacrónica
corriente de los monárquicos más sectarios.
Una línea es clara en muchas de sus obras. Roth es
el escritor de los más desfavorecidos, el narrador de mundos que se vienen
abajo.

El benjamín de la familia es un niño tullido,
que con su enfermedad sumirá a los padres en la tristeza más profunda. El
infortunio de los Singer va en aumento al ser llamados a filas sus otros dos
hijos varones y acaba de colmarse cuando su hija se entrega a sus amoríos con
cosacos, amoríos que el padre desea cortar de raíz.
La carta de uno de los hijos,
que les informa de su deserción y de su nueva vida en los EEUU y les invita a
seguirle llega en el momento justo. La familia emigra a América y deja atrás a
Menuchim, al cuidado de una joven pareja.
Estalla la guerra y las desgracias se suceden
cayendo como una plaga sobre ellos: el hijo americano se alista voluntario y
pierde la vida en la contienda, el otro sirve al zar y se da por desaparecido,
la madre muere como consecuencia de la noticia y la hija enloquece. Mendel
Singer se rebela contra Dios. Le declara la guerra a un Dios desconsiderado e
injusto al que acusa de cruel y de cebarse en los más débiles. Mendel Singer
pierde su fe, deja de rezar, destierra a Dios de su corazón y abomina de Él. Su
mundo interior se ha desmoronado. El final, feliz a pesar de todo, casi de cuento de hadas, no resta calidad
al genio narrativo de Roth.
Como hemos dicho antes, Roth cargó toda su vida el duelo por
la locura de Friedl, su esposa, y ese duelo se advierte en la parte más importante de Job,
constituye el aliento de sus mejores páginas. Mientras escribía la novela
Friedl deliraba en el otro cuarto. Así la descripción de la locura de Miriam
es, sin duda, la de Friedl. Y en el milagro del hijo retrasado mental que
reaparece en Nueva York convertido en un gran músico, respira la esperanza de
la curación milagrosa.
¿Qué decir de su estilo? Tanto en su narrativa como en el
periodismo, cuajó una de las prosas más acrisoladas y brillantes surgidas en
Austria en la primera mitad de siglo y eso, que tuvo compatriotas de la talla de Musil, Broch,
Zweig, Doderer o Hofmannsthal). “Supo, en
definitiva, sobreponer su estatura de artista supremo por encima de los
remolinos que constantemente corrían bajo sus pies”
El autor moldea a los
personajes con magistral sutileza y sabe hacer del lenguaje literario una
exquisita herramienta. Da vida a las emociones más inasequibles. Roth pone de
manifiesto los recovecos más recónditos del alma de sus criaturas con la mera
insinuación de un gesto, sabe captar y transmitir como nadie lo etéreo, lo
sublime, lo inmaterial. Es el maestro de lo intangible.
Es casi
increíble que a través de un cúmulo de desgracias fuera capaz de crear tanta belleza
BIBLIOGRAFIA DE JOSEPH ROTH ( editados en España)
- A diestra y siniestra, Anagrama, 1982
- El anticristo: un alegato moral contra la
barbarie, Península, 2002.
- El busto del emperador, Acantilado, 2003.
- Las ciudades blancas, Minúscula, 2004
- Cartas (1911-1939), Acantilado, 2009.
- Confesión de un asesino, Anagrama, 1997
- La Cripta de los Capuchinos, Acantilado, 2002.
- Crónicas berlinesas, Minúscula, 2006
- El espejo ciego, Acantilado, 2005
- La filial del infierno en la tierra, Acantilado, 2004.
- Fuga
sin fin, Acantilado, 2003
- Hotel Savoy, Acantilado, 2004.
- Jefe de estación Fallmerayer, Acantilado, 2008
- Izquierda y derecha, Ediciones Barataria, 2010.
- Job,
Bruguera, 1981.; Acantilado, 2007
- Judíos errantes, Acantilado, 2008
- El juicio de la historia: escritos 1920-1939, Siglo XXI de España, 2004
- El leviatán, Siruela, 2003.
- La leyenda del santo bebedor, Anagrama, 1999, prólogo de Carlos Barral
- La marcha
Radetzky, Círculo de Lectores, 2004.; Edhasa, 1994.
- La noche mil dos, Anagrama, 1992.
- El peso falso, Siruela, 2003.
- Primavera de café. Un libro de lecturas vienesas, Acantilado, 2010
- El profeta mudo, Montesinos, 1982. Acantilado, 2012.
- La rebelión, Seix Barral, 1984.; Acantilado, 2008.
- Tarabas, Seix
Barral, 1983.; Acantilado, 2007
- La tela de araña, Acantilado, 2001
- El triunfo de la belleza, Acantilado, 2003
- Crónicas berlinesas, Minúscula, 2006.
- Viaje a
Rusia, Minúscula, 2008.
- Zipper y su padre, Sirmio, 1996
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