DIARIO DE LA PESTE. Daniel
Defoe.
Todos conocemos a Daniel
Defoe como autor de Robinson Crusoe pero creo que, no tantos, como autor de su
obra de madurez: EL DIARIO DE LA PESTE, escrita en 1722.

Como fuente principal
utilizó los diarios de un tío suyo, que estuvo presente en el Londres de la epidemia. También
recopiló información variada de diversa procedencia como tratados de
divulgación médica sobre la peste. A todo este material le da una forma
narrativa que está entre lo novelesco y lo periodístico. Hay críticos que
consideran El Diario de la peste como
la primera novela histórica por cuanto
narra hechos ocurridos más de cincuenta años atrás.
La obra se presenta como
una especie de guía pormenorizada de cómo se desarrolla la plaga en Londres y
cómo se comporta la población cuando se han disparado las alarmas. Es como un
espejo, 350 años después, de los hechos relatados.
Me llama poderosamente la
atención el paralelismo que se puede establecer entre esa epidemia y la que
estamos padeciendo en el 2020.Bastaría considerar las diferencias de la
evolución de la Humanidad en aspectos
económicos, industriales, tecnológicos, desde aquel 1665 hasta hoy, para
constatar que el ser humano y sus sociedades reaccionan de forma similar en
situaciones de gran tragedia, como lo es una pandemia.
Se
dieron instrucciones sobre:
*Intento de huida de las
ciudades contaminadas: “La ciudad se
quedó casi despoblada…Mientras los ricos se embarcaban en navíos, la clase
pobre se refugiaba en embarcaciones pequeñas…fue mal negocio el ir de acá para
allá porque la infección azotó e hizo terribles estragos. La miseria era
deplorable en los barrios marineros y digna de la mayor conmiseración.”
* Aislamiento de enfermos: Los jueces cerraron muchas casas de
infectados poniendo estricta vigilancia; así se consiguió amainar la peste.
Disminuía más en los barrios en que se había actuado precozmente.
*Confinamiento. ”La gente andaba de un sitio a otro y eso
transportaba en la ropa la peste… así,
pues, se cerraron las tiendas, las casas de juego, las tabernas, el teatro, las
salas de baile y de música… Londres
se había convertido en el sitio más terrible del mundo”
*La prohibición de
traslados fuera de la casa contaminada:”La
tristeza y el horror se instalaron en las mentes de la gente común. Ante sus
ojos, solo la muerte… Cada habitante cuidaba de él y de su familia como en
situación de sumo peligro… Londres entero lloraba”
*Entierros, sin acompañamiento. ”Muchos se fueron de este mundo sin que
nadie lo supiera y sin que los registros
de mortalidad los tomaran en cuenta…No era posible creer en las cifras
porque la situación no era la indicada para llevar un registro estricto”
*Limpieza de las calles y
recogida de basuras.
Se
nombraron funcionarios para ayudar a controlar la enfermedad:
Inspectores, guardianes, investigadores sobre
las muertes, cirujanos que hacían informes sobre la enfermedad. Enfermeras a
las que se imponía, luego, la cuarentena de 28 días.
La
medicina.
“El Lor Mayor designó medios para aliviar a
los enfermos pobres. Ordenó al colegio de médicos la publicación de
instrucciones acerca de remedios baratos, así no se amontonarían ante los
dispensarios”
Heroicidad de los médicos: “La crudeza de la enfermedad, cuando
llegaba a lo más alto, era devastadora…Desafió a la medicina, hasta los médicos
fueron atrapados por ella, con sus protectores sobre la boca, y caían muertos
por cuidar a los demás, destruidos por el enemigo contra el que luchaban en
otros cuerpos. Tal fue el caso de algunos eminentes…Aventuraron sus vidas tanto
como para perderlas. Se esforzaron en hacer el bien y salvar la vida de los
otros”
El relato es minucioso,
lleno de viveza, casi hiperrealista. Parece vivido en primera persona cuando
obviamente no lo es. Defoe tenía cuatro años cuando ocurrió la pandemia. Es,
por tanto, una recreación, una novela de no ficción. Mezcla anécdotas,
presuntos testimonios y pequeñas historias que se van concatenando.
Son curiosas las tablas
que inserta de los muertos de cada parroquia.
El autor te introduce en
una montaña rusa de emociones. Es una indagación sobre la psicología colectiva.
Se plasman gestos de solidaridad, abnegación, sacrificio y también aparece el
egoísmo y la cobardía. Pone, ante el lector el miedo y hasta el terror, de los habitantes de la ciudad
cuyo instinto de supervivencia llevó, a algunos, a mostrar sus mayores vilezas.
Anota el autor, la causa,
para él, de que la pandemia se extendiera tan rápidamente” A menudo he pensado de qué modo, en los comienzos del azote, todo el
mundo se hallaba desprevenido y cómo el desorden que siguió y que habría de
cobrarse tantas víctimas provino, en parte, del hecho de no haber tomado a
tiempo las medidas necesarias, tanto en el caso de la administración pública
como en el de los particulares” y añade :”Espero que esto sirva de experiencia
a las nuevas generaciones”
Cuando la malignidad de la
epidemia se fue debilitando y las victimas mortales decrecieron, “El pueblo corría hacia el peligro,
abandonando precauciones y cuidados, confiados en que la enfermedad no los
alcanzaría…se abrieron las tienda, la gente iba y venía por las calles”
Pero se constató que la
infección se conservó en seres aparentemente sanos y que la transmitían a otros
con los que se habían relacionado, sin que unos ni otros lo advirtieran. Esto
asustó mucho a la población e hizo que se tomaran medidas que sirvieran de
protección.
“La
peste azotó a los pobres de manera terriblemente violenta y esto sumado a la
miseria de su situación fue la razón por la que murieron en masa”
La
caridad se puso de manifiesto en la sociedad londinense: “Grandes cantidades de dinero recibieron las
autoridades para la asistencia y el alivio de los enfermos pobres…Un elevado
número de particulares distribuyeron dinero, día a día, para socorrer a los
infelices…Piadosas damas distribuyeron
limosnas y visitaban familias enfermas afectadas”
Es muy impresionante la
descripción que hace el autor de como muchas personas, ante el horror vivido,
quedaron psicológicamente destruidas: “familiares
de los muertos llegaron a perder la cabeza…Después vino la época de la
estupidez y el aturdimiento sin saber qué hacer.
Un cuadro, casi
insoportable de leer, es la relación angustiosa de madres e hijos en condiciones
tan penosas y miserables.

Leyendo esta obra, no
puedo menos de tener presente una frase que oigo con frecuencia en mi entorno: “Cuando esto pase ya no va a ser nada
igual” dándole un sentido positivo a nuestros posicionamientos ante el mundo material, la
naturaleza, relaciones, actitudes…
Así pensaba Defoe, a este
propósito, en la situación de aquella epidemia creyendo que ”La visión de la muerte próxima o de un mal
que lleva en si la amenaza de la muerte, libraría a nuestro humor de los malos
gérmenes, borraría las animosidades que existen entre nosotros y nos llevaría a
ver las cosas con otros ojos… pero cuando el terror de la epidemia disminuyó, las cosas volvieron a su curso
ordinario, tan poco deseable…Cuando la enfermedad pasó, también disminuyó el
espíritu de caridad y las cosas retornaron a su antiguo cauce”
Así termina Daniel Defoe
esta obra:
“Una terrible peste hubo
en Londres
En el año sesenta y cinco
Que arrasó con cien mil
almas
¡ Y sin embargo estoy vivo!
Me ha gustado encontrarme
con esta obra, justo en este momento.
ISABEL Gª FERNÁN